JOSÉ PULIDO Y LA CHESTER BLUES BAND


Chepe, y su Casa del Boogie
JOSÉ PULIDO (1946-2018)
¿Te imaginas un grupo de chavos de Analco, en la tierra del mariachi y queriendo tocar blues?

José Pulido, Chepe

La camisa negra de manga corta tiene grandes lunares blancos. Una boina negra le cubre la cabeza pero deja escapar por detrás el cabello rizado y rubio. Porta anteojos con grandes aros de metal. Las patillas canosas evidencian la edad de José Pulido, a quien todo mundo conoce como Chepe, el guitarrista de la Chester Blues Band, o Los Chester como se les dice desde los lejanos años sesenta. Está sentado, ese 27 de mayo de 2016, en una mesa del lugar que fue su cubil durante algunos años, el Boogie House, bar administrado por él mismo y su hermano Mario -bajista de los Chester- en cuyos muros había fotos de músicos, sobre todo guitarristas: Stevie Ray Vauhgan, Hendrix, Clapton. Ahí tocaba con su banda los viernes y sábados.

Mi hermano y yo teníamos unos tíos que nos dejaron la casa en donde vivimos ahora y una cantidad de dinero. Con lo que teníamos ahorrado, más lo que nos dejaron, pensamos en poner un lugar. Un día pasé por aquí y vi esta casa que se vendía y estaba medio en ruinas. Y me dije: ahí nos vamos a quedar”.

Y compraron la casa: El Boogie, en la calle Morelos, entre Escorza y Enrique Díaz de León, en una zona del centro de Guadalajara con mucha vida.
Cuando me reuní con Chepe, el lugar abría solamente el fin de semana, cuando abundaba la clientela nocturna del rumbo. Acudían, sobre todo, adultos amantes del rock clásico y del blues, pero también otros músicos que de tanto en tanto subían al escenario a palomear. Era un lugar modesto, no muy grande, donde se servían botanas sencillas y tragos. Para el escenario no había una iluminación sofisticada y el sonido era apenas el justo para que se escuchara bien. Chepe se quejaba de que había demasiada resonancia y eso complicaba las cuestiones acústicas. Uno de sus principales atractivos fue siempre la voz de Griselda, de las mejores cantantes de soul, blues y rock que ha dado Guadalajara y a quien le salen de maravilla las canciones de Janis y Aretha.

Chepe
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Me llamo José Pulido Romero y nací aquí en Guadalajara”, dice Chepe con su voz parsimoniosa. “El entorno en donde me desarrollé fue el Barrio de Analco. Ahí hice la primaria en una escuela que le llamaban ? 'Escuela Modelo Urbana No. 29´ , cerca del Jardín de Analco. Ahí pasé hasta sexto de primaria. Mis tíos Jesús y Félix tocaban varios instrumentos en algunas orquestas reconocidas de su tiempo y vivían de ello. Tenían un gusto especial para la música, eran lauderos, podían construir una guitarra de pe a pa y mi tío Jesús además reparaba instrumentos. En su casa tenía de todo: contrabajos, guitarras, mandolinas, violines. Y aparte tocaba muy bien la guitarra, la batería, el bajo, el banjo. Mi otro tío le agregaba el acordeón y el saxofón. A los dos les gustaban cosas que me intrigaron, como la música de Nueva Orleans.”

Griselda y Chepe
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La palabra Analco significa “al otro lado del río” y es precisamente el barrio que colindaba con el río San Juan de Dios, una especie de límite que separaba las ciudades del poniente y del oriente. A principios del siglo XX el río fue entubado pero la cicatriz permaneció como recordatorio de que había dos guadalajaras: la pobre y la opulenta. Ya no había río pero sí calle: la Calzada Independencia.
Los Chester eran “de la calzada pallá” -como reza la frase de connotaciones clasistas- a diferencia de otros grupos famosos del rock tapatío que surgieron en el poniente de Guadalajara.

Analco, dice Chepe, siempre ha sido barrio bravo pero de ahí han surgido talentos musicales: Tony Camargo, el gran cantante a quien se le ha llegado a comparar con Beny Moré y que cantó con Agustín Lara, con María Victoria, con los grandes tríos como los Ases, los Diamantes, los Martínez Gil. De ahí mero es también Alfonso Guerrero, Toncho, el creador de aquel curioso híbrido entre el rock, el mariachi y la música autóctona. También el Willow, guitarrista de 39.4. De ahí también era el mismísimo Mike Laure que comenzó tocando rock and roll con sus Cometas, luego inventó su propia versión de la cumbia y se hizo famosísimo con su voz gangosona (“La cosecha de mujeres nunca se acaba”, “Tiburón a la vista, bañista”, “039, 039 se la llevó”). De Analco es Roberto González Vaca, El Chiva, que fue baterista de los Chester y de muchos otros grupos y quien insiste en que fue precisamente Mike Laure, el primero en tocar rocanrol en Guadalajara, lo cual se confirma con el testimonio de José Pulido:

Cuando yo salía de la primaria pasaba por donde ensayaba Mike Laure, en la calle de Medrano. Era un lugar en los altos de una casa y se escuchaba hasta afuera. Yo me paraba a oír el ensayo porque entonces tocaban rock & roll, la cumbia vino después. Escucharlo para mí fue muy importante.”

He loved the blues
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En la década de los sesenta, dice Chepe, se podía escuchar mucha música en la zona: Analco colinda con el barrio de San Juan de Dios, que fue famoso por sus bares, cantinas y prostíbulos. Ahí tocaban muchas orquestas que interpretaban a Glenn Miller pero también música tropical y cantidad de cosas diferentes. Y aunque no lo dejaban entrar por ser menor de edad, se daba sus mañas para espiar de lejitos y escuchar a los músicos que trabajaban en aquel ambiente oscuro pero interesante para un jovencito como él. También por ahí estaba el Café París, en la mera Calzada, donde tocaban grupos muy buenos como los Gibson Boys de Manolo Muñoz -a quien luego suplió en la voz un cantante a quien apodaban “el topolino”, como aquellos autos pequeños de la época-, o Los Frenéticos que tenían buen equipo: guitarras y amplificadores Fender. El café era propiedad de los Hermanos Reyes, aquellos con quienes cantaba Teresita. Pero lo mismo: como no tenía dinero para entrar a consumir, se quedaba afuera nomás a escuchar. Otro grupo que rondaba eran Los Liverpool, donde tocaban el Chiva, Ventura Flores y Toncho, entre otros.

Salíamos de la secundaria y a veces nos íbamos a la casa de Toncho o nos juntábamos a tocar la guitarra en el Parque de Analco.”
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Analco es también el símbolo de la tragedia: el 22 de abril de 1992 explotaron los drenajes de la zona, una situación cuyas causas nunca quedaron suficientemente aclaradas, aunque todo apuntaba a la responsabilidad de la empresa petrolera nacional Pemex. Lo cierto es que mucha gente murió, otros quedaron sin hogar, el barrio quedó partido, destruido y con un trauma insuperable para quienes vivieron lo que pasó. La tragedia también le costó la gubernatura a Guillermo Cosío Vidaurri -quien tuvo que renunciar-, la alcaldía de Guadalajara a Enrique Dau Flores -que terminó en la cárcel- y el control político al PRI -que perdió las elecciones siguientes y dejó gobernar al PAN en el Estado durante dieciocho años seguidos.

El miedo era terrible, mucha gente pensaba que toda Guadalajara estaba amenazada por un polvorín bajo la tierra. Fue una cosa catastrófica, horrible, triste, deprimente, terrorífica, algo muy fuera de este mundo. Yo si me asusté, nos dieron alojamiento unos familiares en la periferia de Guadalajara. Ahí estuvimos durante varios días, pero también con el pendiente de que se nos fueran a meter a robar. Murió mucha gente, otros quedaron lisiados o perdieron todas sus cosas. Dudo que los datos que presentaron las autoridades hayan sido exactos”, cuenta Chepe.

Mario Pulido, el bajista y hermano
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Chepe escuchaba la palabra “Blues” y no sabía qué era eso. Un día pasaba por una tienda de discos (“discotecas”, les decían antiguamente) y vendían en oferta una caja que decía Real Folk Blues. Era un disco de Howlin Wolf, cuyo nombre verdadero era Chester Burnett, con quien los hermanos Pulido quedaron fascinados, se convencieron de que querían tocar eso y le pusieron “Chester Blues Band” a su grupo, en honor de aquel gran blusero de voz profunda y altanera que medía más de dos metros y pesaba más de cien kilos. “Toda mi vida he querido parecerme a él, sonar igual que aquella voz extraña...pero no, para eso tendrían que cambiarme las cuerdas”. Luego fueron llegando otras joyitas: discos de John Lee Hooker, Muddy Waters, Bo Didley. “¿Te imaginas? un grupo de chavos de Analco, en la tierra del mariachi y queriendo tocar blues?” Y lo hicieron. Es el grupo de Chepe y de Mario de toda la vida.
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A los Chester les ofrecieron la posibilidad de grabar un long play y, claro, aceptaron. Pero ya con la grabación hecha la compañía les exigió que dejaran sus estudios para dedicarse completamente a la promoción. No aceptaron, el disco no salió ni les entregaron nunca la grabación que contenía material original. Chepe quería estudiar: terminó la carrera de administración, luego se metió a la Escuela de Música de la UdeG, más adelante estudió sociología y finalmente se dedicó a la docencia durante más de veinticinco años aunque, claro, sin abandonar la música ni dejar de tocar.

El Chiva y Mario
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Cuando conversé con Chepe había música en el Boogie los viernes y los sábados, siempre con Mario, quien toca su bajo sentado en un banquito, y Chepe con su guitarra. Los demás músicos fueron cambiado con el tiempo y nunca faltaba quien llegara a improvisar. El repertorio era de clásicos del rock, el blues y el soul. Música de los sesenta y setenta del siglo pasado. Cuando le pregunto a Chepe que cuántas canciones aproximadamente componían el repertorio del grupo, no me sabe responder. Son muchas, aunque reconocía que últimamente les daba por tocar más o menos las mismas, las más pedidas por el público:
¡“Pedazo de mi corazón”!,
¡“Esa de James Brown que se llama I Feel Good...”!
¡Cántate la de Cadena de Tontos!”.

Nosotros pusimos el lugar porque queríamos promover el blues y toda la música que valiera la pena.
Cuando empezamos queríamos que tocaran otros también, además de nosotros, pero luego no salían los gastos. Si le agregáramos más músicos y además los que atienden, la persona de la barra y todo lo demás, ya no sale, así que por eso tocamos nomás nosotros de planta.”

Chepe y Alfredo durante la entrevista en el Boogie House
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Con los Chester canta Griselda Piña, dueña de una voz que impresiona.
Griselda es un tanto tímida. Estudió psicología y se dedica parcialmente a ello pero su pasión es cantar soul y blues. Hace unos años intentó una proyección mayor y se inscribió al concurso televisivo “La Voz México”. Le iba bien, fue avanzando en las eliminatorias, recibió elogios de su coach designado Alejandro Sanz, incluso grabó una canción producida por Memo Gil que tuvo cierto impacto mediático, pero al final no estuvo dispuesta a hacer las concesiones artísticas exigidas, descubrió en el camino que aquello no le cuadraba, había demasiado glamour, sintió que estaría obligada a cantar cosas que no sentía...y no ganó el concurso. Y aunque recibió una oferta interesante, rechazó la posibilidad de un contrato. Lo dice sin amargura: sabe que aquella fue una buena experiencia pero no era lo que buscaba. Y ahora se dedica a perfeccionar su repertorio de cantantes a quienes admira -Janis, Aretha, Etta James, Cassandra Wilson, Chaka Khan- y sueña con hacer un disco de música original con los Chester.
Un año después de que entrevisté a Chepe, el Booguie cerró sus puertas. El alto costo de los permisos que había que pagar al municipio obligaron al cierre, me dice Chepe con tristeza.
Había que dar más de 50 mil pesos nomás de permisos y de plano no podíamos pagar, así que decidimos cerrar”. 
¿Definitivamente? No, Chepe abrigaba entonces esperanzas de abrir de nuevo La Casa del Boogie y del Blues, el Boogie House. Por desgracia la fatalidad lo alcanzó antes.  Enfermó de cáncer y murió el 8 de noviembre de 2018.

La Chester Blues Band


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